Durante años sentí que existían dos partes que vivían con mucha intensidad en mí: la mirada artística y esa profunda fascinación por la maternidad y la experiencia humana. Aún no sabía que un día terminarían uniéndose.

Cuando me diagnosticaron endometriosis fue un punto de inflexión, viví momentos de mucha soledad, desconexión y preguntas sin respuesta. Y, de algún modo, ese proceso me llevó de nuevo hacia las mujeres, hacia el cuerpo y hacia la necesidad de sentirme sostenida y comprendida.

Fue entonces cuando la fotografía apareció con fuerza.

Hay momentos que dejan huella. Durante mucho tiempo me ha costado entender lo que unía todas las partes de mí.

La doula, la fotografía, mi historia. Parecían caminos distintos. Pero con los años he entendido que todos nacen del mismo sitio.

Estar ahí, cuando la vida se transforma. A veces lo hago con escucha, a veces con la presencia, a veces con una cámara.

Crear espacios donde las mujeres puedan verse, reconocerse. Habitar su propia voz. Verse con dignidad, con verdad, con ternura.

Porque la forma en que somos sostenidas también transforma nuestra historia. LA MIRADA QUE SOSTIENE.

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