


Me llamo Ona Vidal Serra
Acompaño a mujeres y familias en procesos profundamente transformadores como el embarazo, el parto y el postparto. Cuando era pequeña decía que quería ser comadrona, me fascinaba la vida, el cuerpo, el nacimiento… Al mismo tiempo, las artes siempre formaron parte de mi camino, y más adelante estudié cine con la necesidad de explicar lo invisible: las emociones, los silencios, los vínculos, la belleza de los instantes que duran un segundo, pero nos marcan para siempre.
Durante años sentí que existían dos partes que vivían con mucha intensidad en mí: la mirada artística y esa profunda fascinación por la maternidad y la experiencia humana. Aún no sabía que un día terminarían uniéndose.
Cuando me diagnosticaron endometriosis fue un punto de inflexión, viví momentos de mucha soledad, desconexión y preguntas sin respuesta. Y, de algún modo, ese proceso me llevó de nuevo hacia las mujeres, hacia el cuerpo y hacia la necesidad de sentirme sostenida y comprendida.
Fue entonces cuando la fotografía apareció con fuerza.
A través de la cámara descubrí que no sólo quería preservar la memoria. Quería crear espacios donde las mujeres pudieran sentirse miradas, respetadas y seguras. Fotografiar embarazos, partos, lactancias, postpartos, ceremonias y círculos de mujeres me transformó profundamente. Sentía que, detrás de la cámara, también estaba cuidando. Y así descubrí la figura de la doula.
Entender que la presencia también puede ser una forma de acompañamiento cambió muchas cosas en mí. Comprendí que no necesitaba “hacer” constantemente; muchas veces, lo más valioso es sostener, escuchar, estar.
Hoy uno todas estas partes de mi camino: la mirada sensible de la fotografía documental, el acompañamiento como doula y la técnica como asesora de lactancia.
Entre la cámara y la palabra, entre la luz y la presencia, busco crear memoria, sostener procesos y revelar la esencia de la vida.

Hay momentos que dejan huella. Durante mucho tiempo me ha costado entender lo que unía todas las partes de mí.

La doula, la fotografía, mi historia. Parecían caminos distintos. Pero con los años he entendido que todos nacen del mismo sitio.

Estar ahí, cuando la vida se transforma. A veces lo hago con escucha, a veces con la presencia, a veces con una cámara.

Crear espacios donde las mujeres puedan verse, reconocerse. Habitar su propia voz. Verse con dignidad, con verdad, con ternura.

Porque la forma en que somos sostenidas también transforma nuestra historia. LA MIRADA QUE SOSTIENE.
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