Autor: Ona Vidal Serra

  • Càlida, el càncer de mama i l’aigua termal

    Cálida, el cáncer de mama y el agua termal

    Radio Caldes y El Calderí.

    Cálida, el cáncer de mama y el agua termal es un proyecto fotográfico y audiovisual que creé y comisarié a partir del proceso de tratamiento termal que vivieron un grupo de mujeres con antecedentes de cáncer de mama, en el marco de un estudio sobre los efectos de la balneoterapia en su calidad de vida.

    El proyecto nació con la voluntad de poner el foco en estas mujeres y en sus experiencias, pero también en lo que se fue creando durante el proceso: un espacio compartido donde sentirse acompañadas por otras mujeres que habían vivido experiencias similares.

    Durante las sesiones tuve la oportunidad de conocerlas más allá de la fotografía. De esa experiencia nació un vínculo que para mí es una parte esencial de Cálida: la fuerza, la ternura y el amor que descubrí en ellas y que quise trasladar a las imágenes.

    Con motivo de la exposición en el Museo Thermalia, el proyecto llegó también a los medios locales.

    En El Fòrum de Radio Caldes dedicamos una tertulia entera a Cálida. Participamos Ester López y Melodie Morero, dos de las mujeres participantes del estudio y protagonistas del proyecto; Anna Monleón, directora del Museo Thermalia; Marta Luque, técnica de Termalismo; y yo, como autora y comisaria de la exposición.

    Escucha el programa El Fòrum

    El Calderí también recogió el proyecto en una entrevista en la que hablamos del proceso de creación de Cálida, de la relación con las mujeres participantes y del deseo de que las imágenes puedan transmitir toda la fortaleza y el amor que sentí durante ese proceso.

    Lee la noticia del Calderí

    El’Ayuntamiento de Caldes de Montbui también dedicó una noticia a Cálida, poniendo en valor la experiencia termal compartida por las mujeres participantes después de la enfermedad y el proyecto que nació en torno a esta experiencia.

    Lee la noticia del Ayuntamiento de Caldes de Montbui

  • Quan fotografio un part, soc una ombra · 3Cat

    Cuando fotografío un parto, soy una sombra · 3Cat

    Una entrevista del programa La nit dels ignorants

    En esta conversación con 3Cat hablo de mi manera de estar presente durante un nacimiento: observar, escuchar y saber cuándo acercarme y cuándo dar un paso atrás.

    «Cuando fotografío un parto, soy una sombra» es una frase que resume bastante bien cómo entiendo ese trabajo. La cámara está ahí, pero no es lo más importante. Antes que fotógrafa, soy una persona que acompaña y que cuida el espacio y el momento que está pasando delante de mí.

    Hablamos también de qué significa ser doula, del tipo de acompañamiento que ofrezco y de cómo la fotografía y el acompañamiento emocional pueden convivir en un mismo espacio.

    Y también hay sitio para hablar de una realidad de la que todavía cuesta mucho hablar: el duelo gestacional y perinatal. De las pérdidas que a menudo se viven en silencio y de la importancia de poder dar visibilidad a estas experiencias también con la fotografía.

    Escucha la conversación en 3Cat

  • El silenci del cap, la veu del cor · Natural Talks

    El silencio de la cabeza, la voz del corazón · Natural Talks

    Un podcast con Mar.

    Mar y yo nos conocimos durante la formación de doula y, con el tiempo, hemos ido construyendo una amistad. Cuando me propuso participar en su podcast, acabamos hablando de algo que, aunque parezca sencillo, no siempre nos permitimos: parar.

    Hablamos del silencio, del papel en blanco y de esos momentos en los que dejamos de intentar encontrar nada y, precisamente entonces, las ideas vuelven solas. De la creatividad, de la vocación y de lo que implica dedicarnos a lo que realmente nos apasiona cuando también somos autónomas y el camino no siempre es fácil.

    Una conversación tranquila y honesta sobre encontrar nuestro propio ritmo, volver a lo esencial y cuestionar una forma de vivir tan centrada en hacer y acumular.

    Escucha el episodio en Spotify

  • Convertir el part en art · VOTV

    Convertir el parto en arte · VOTV

    Romper estigmas del embarazo con la fotografía.

    En septiembre de 2025 tuve la oportunidad de hablar con VOTV, la televisión del Vallès Oriental, sobre mi forma de entender la fotografía y sobre el proyecto que estaba construyendo alrededor del embarazo, el parto y el nacimiento.

    En esta conversación hablamos de fotografía, pero también de la necesidad de romper con algunos de los estigmas e imaginarios que rodean el embarazo y el parto, y de mi decisión de formarme como doula para ofrecer un acompañamiento más consciente y respetuoso a las familias.

    Una pequeña pieza de mi recorrido que me hace ilusión conservar también aquí.

  • Mirar con el corazón · Cacao emocionao

    Mirar con el corazón · Cacao emocionao

    Un podcast de Sonia Camacho Vallejo.

    Hay conversaciones que nacen de forma natural, a partir de vínculos que ya existen.

    Sonia fue mi tutora durante la formación de doula y de acompañamiento a la infancia y la crianza en Espai Mima'm. Me hizo mucha ilusión cuando me propuso conversar en su podcast Cacao emocionao sobre mi forma de mirar, de acompañar y de entender la fotografía.

    En esta conversación hablamos de fotografía, pero también de acompañamiento, del ciclo de la vida, de la feminidad y de la importancia de mirar con presencia y sensibilidad a los procesos que vivimos.

    Una conversación que me apetece guardar también aquí, como una pequeña pieza de mi recorrido y de las personas que lo han ido acompañando.

    Escucha el episodio en Spotify

  • El naixament i la mort

    El nacimiento y la muerte

    La primera semana de agosto de 2025 fue una de las más surrealistas que he vivido hasta ahora como fotógrafa. Y, curiosamente, todo se resume en una tarjeta de memoria de la cámara.

    La noche del domingo al lunes ya estaba en la cama cuando recibí el mensaje que llevaba casi cuatro semanas esperando: “Parece que el parto se está activando”. Media hora más tarde ya estaba en el coche de camino a casa Laietania. Al cabo de un rato, después de un parto muy rápido e intenso, presenciaba el nacimiento de una personita y tenía el privilegio de inmortalizar el momento en que sus padres le daban la bienvenida al mundo.

    Cuatro días después volví a tomar la cámara, esta vez con cierta urgencia, para ir hacia el Hospital Vall d'Hebron. Formo parte de Dits Petits, una asociación de fotógrafas voluntarias y sin ánimo de lucro. Nos organizamos para ir a los hospitales de Cataluña a fotografiar, de forma totalmente gratuita, a los bebés ingresados en las unidades de cuidados intensivos neonatales para que sus familias puedan conservar estos recuerdos. En algunas ocasiones, como ocurrió ese jueves, también nos avisan cuando un bebé está a punto de morir y el hospital ofrece a la familia la posibilidad de tener fotografías de aquellos últimos momentos.

    Me rompió el corazón no poder llegar a tiempo a tomar fotos cuando aún estaba con vida, pero aún así, estuvimos unos 15 minutos haciendo fotos de todo: de su carita, de las manitas, de los pies, de los padres abrazándolo, de mamá besándole en la mejilla. Todo, absolutamente todo lo que nos vino a la cabeza, porque seguramente esas son las últimas fotos o de las últimas que tendrán.

    Cuando llegué a casa, conecté al ordenador la tarjeta que, sin darme cuenta, contenía las fotos de sólo dos días: el nacimiento y la muerte. Me quedé en shock al ver esa unión, claramente delante de mis ojos. Y mirándolo, lo único que veía yo en aquellas imágenes era el amor más inmenso, más profundo e incondicional. Se veía a una madre y un padre cogiendo a su bebé, mirándole con una ternura infinita. Unos dándole la bienvenida y otros despidiéndose.

    Hasta ahora ha habido mucha gente que me ha dicho que no podría fotografiar la muerte, una muerte que no corresponde al orden natural de la vida, que no debería ocurrir. Que aunque sea una muerte pequeña, es gigante y el vacío que deja, irreparable. Y claro que es duro, intenso, desgarrador, y claro que hay dolor. Todo esto es cierto. Y también es cierto el grandísimo amor que se ve, las ganas de crear un recuerdo “material” que preserve ese momento en el que estuvieron juntos. Y que gracias a estas fotos también puedan presentar a su hijo/a a otras personas que no pudieron conocerle o despedirse.

    Ojalá no hiciera falta realizar este trabajo, y habrá familias que quizás no quieren fotos y todo está bien. A mí me hace sentir muy afortunada tener una herramienta que puede ofrecer un cierto consuelo o, al menos, que inmortaliza una vida que ha terminado demasiado temprano. Mi intención es, y será, ponerla al servicio de aquellas familias que lo necesiten.

  • El part que també em va transformar a mi

    El parto que también me transformó a mí

    Hay nacimientos que dejan huella, no sólo en las familias que los viven, sino también en las personas que tenemos el privilegio de acompañarles. Éste es el recuerdo de uno de esos partos que, con el paso del tiempo, he entendido que también marcó un antes y un después en mi manera de ser doula.

    Judit contactó conmigo cuando hacía muy poco que había terminado la formación de doula y acompañate a la primera infancia y crianza. Aunque ella era consciente de que había profesionales con mucha más experiencia, decidió confiar en mí. Esa confianza fue el primer regalo de ese acompañamiento.

    Desde el primer encuentro sentí que había algo especial. Pasamos horas hablando de su embarazo, del parto que imaginaba, de sus ilusiones y también de sus inquietudes. Con el tiempo empecé a formar parte de su día a día: entré en su casa, conocí a su pareja, compartí ratos con su hija mayor y vi cómo aquella familia se preparaba para recibir a un nuevo hijo.

    Cuando acompaño a una mujer durante el embarazo, no sólo pienso en el día del parto, intento entender quién es, qué necesita para sentirse segura y cómo puedo sostenerla para que llegue a ese momento con más confianza. Para mí, ese vínculo es una parte esencial del acompañamiento.

    Unos días antes del nacimiento hubo un primer inicio de parto intenso, largo y emocionalmente exigente. Recuerdo perfectamente la sensación de preguntarme si estaba haciendo lo suficiente, si realmente estaba ayudando. Era fácil pensar que debía encontrar soluciones, pero ese día descubrí una de las lecciones más valiosas que me ha regalado esta profesión.

    Acompañar no siempre significa intervenir. Muchas veces significa quedarse, escuchar, ofrecer calma cuando todo parece incierto… Sostenerlo sin querer controlar el proceso. Aquel primer inicio de parto fue un trabajo profundo en equipo con su bebé, junto a su pareja y su ginecóloga, buscando que el cuerpo pudiera recuperar su ritmo y encontrar otro camino.

    Esa experiencia también transformó mi mirada. Hasta entonces había vivido muchos partos detrás de la cámara, observando y documentando con sensibilidad todo lo que ocurría. Pero ese día entendí que no debía escoger entre ser fotógrafa o ser doula. Podía ocupar los dos sitios a la vez: cuidar mientras fotografiaba y preservar la memoria mientras sostenía emocionalmente el proceso.

    Cuando el parto empezó de verdad, todo tenía otra energía, ya nos conocíamos lo suficiente para que las palabras fueran casi innecesarias. Recuerdo las horas tranquilas, el agua cayendo suavemente sobre su cuerpo, la delicadeza con la que intentábamos proteger el espacio para que ella "sólo" tuviera que ocuparse de parir.

    Hay una imagen que todavía hoy me conmueve especialmente y es cuando fui a buscar a su hija mayor para que pudiera conocer a su recién nacido hermano. Fue una escena llena de ternura, de esas que recuerdan que un parto no es sólo el nacimiento de un bebé. Es también el nacimiento de una nueva familia, de una hermana mayor, de unos padres, de unos abuelos…

    Cuando pienso en este acompañamiento, no recuerdo sólo las fotografías que salieron ni los momentos más intensos del parto. Recuerdo, sobre todo, la confianza que Judit depositó en mí cuando yo todavía estaba empezando ese camino.

    Quizás ella no lo sabe, pero ese día también nació una parte de la doula que soy hoy. Una doula que entendió que no necesita tener todas las respuestas, que lo más valioso que puede ofrecer es una presencia honesta, serena y disponible.

  • Entre Gestos

    Entre Gestos

    Lee el artículo de la revista Heartful

    Conocí a Sonia en septiembre de 2024, cuando empecé la formación de doula. Su forma de compartir vivencias con Biel, su hijo de 19 años con esclerosis tuberosa, me llegó como una ola silenciosa. Ya fuera a través de un mensaje en un grupo o en medio de una conversación informal, ella expresaba, con naturalidad y firmeza, cómo es maternar en una realidad que a menudo queda fuera del foco. 

    Como fotógrafa de maternidad, siempre he buscado una mirada documental, sincera, alejada de la postal perfecta. Cuando escuché su historia, entendí que no podía seguir fotografiando la maternidad si no dejaba espacio para todas sus formas. Si la diversidad no tiene cabida, la representación quedará incompleta. 

    De esa revelación nació el deseo de documentar su cotidianidad, que para quien no la vive, puede pasar desapercibida. No quería llevarlos a un estudio ni construir una escena. Quería hacer visibles todos aquellos detalles que Sonia ya no ve porque forman parte de su rutina: el taburete en la ducha, las cicatrices en la piel, el peluche de la infancia… Y su casa era el mejor sitio para hacerlo. 

    Acordamos hacer una sesión sin guión, sin expectativas. Les seguí como una sombra durante su mañana: despertar, desayuno, ducha, vestirse, salir a comprar el pan. Y entre todos estos momentos, gestos de conexión y amor que revelaban la fuerza de un vínculo construido desde la ternura y la presencia. Una comunicación puramente no verbal, hecha de miradas, de presiones suaves, de silencios entendidos. 

    Para captar todo esto con la máxima fidelidad, escogí trabajar con luz natural. Quería que la luz que los ilumina todos los días fuera también la que les mostrara. Llevar un foco o modificar el entorno podía convertirse en un estímulo intrusivo y desconcertante para Biel. Mantener su paz e intimidad era esencial, la única diferencia ese día debía ser mi presencia e incluso eso, quería que pasara casi desapercibida. 

    Por eso también opté por una cámara discreta y un objetivo de 50mm, que me permitía respetar la distancia y, al mismo tiempo, acercarme para captar los detalles de los gestos y caricias. Quería estar sin dirigir, observar sin intervenir. Dejar que la vida ocurriera, simplemente. 

    Uno de los momentos más reveladores fue durante la ducha, me encontré confrontando mi propia incomodidad: estar con la cámara, en un momento tan vulnerable, me hacía cuestionar mis propios límites. Por último, entendí que mirar plenamente no es invasivo si se hace desde el respeto. Que la incomodidad no venía de ellos, sino de mis propios prejuicios sociales y culturales. 

    Mirar, en ese contexto, era una manera de honrar su realidad. No para embellecerla, sino para validarla. Para reconocer que sí, es una realidad muy dura, y que a menudo se habita en una soledad profunda. Que maternar a un hijo que nunca podrá ser autónomo implica un duelo constante, silenciado, por un futuro que no será. Y que, sin embargo, estas madres sostienen la vida con una entrega firme, cotidiana, invisible. Porque mirar con verdad es también esto: ver no sólo belleza, sino fuerza, vulnerabilidad y amor profundo. 

    Así, fotografiar a Sonia y Biel no fue sólo una sesión de fotos. Fue una lección de vida, una invitación a revisar cómo miramos y a quién miramos. Y también un compromiso: seguir ampliando la mirada, abriendo espacios donde todas las maternidades estén representadas con la dignidad y la verdad que merecen. 

    Podéis seguir Sonia, donde comparte su maternidad con honestidad y sensibilidad: @soniacamachovallejo / www.soniacamachovallejo.org