Entre Gestos

Lee el artículo de la revista Heartful

Conocí a Sonia en septiembre de 2024, cuando empecé la formación de doula. Su forma de compartir vivencias con Biel, su hijo de 19 años con esclerosis tuberosa, me llegó como una ola silenciosa. Ya fuera a través de un mensaje en un grupo o en medio de una conversación informal, ella expresaba, con naturalidad y firmeza, cómo es maternar en una realidad que a menudo queda fuera del foco. 

Como fotógrafa de maternidad, siempre he buscado una mirada documental, sincera, alejada de la postal perfecta. Cuando escuché su historia, entendí que no podía seguir fotografiando la maternidad si no dejaba espacio para todas sus formas. Si la diversidad no tiene cabida, la representación quedará incompleta. 

De esa revelación nació el deseo de documentar su cotidianidad, que para quien no la vive, puede pasar desapercibida. No quería llevarlos a un estudio ni construir una escena. Quería hacer visibles todos aquellos detalles que Sonia ya no ve porque forman parte de su rutina: el taburete en la ducha, las cicatrices en la piel, el peluche de la infancia… Y su casa era el mejor sitio para hacerlo. 

Acordamos hacer una sesión sin guión, sin expectativas. Les seguí como una sombra durante su mañana: despertar, desayuno, ducha, vestirse, salir a comprar el pan. Y entre todos estos momentos, gestos de conexión y amor que revelaban la fuerza de un vínculo construido desde la ternura y la presencia. Una comunicación puramente no verbal, hecha de miradas, de presiones suaves, de silencios entendidos. 

Para captar todo esto con la máxima fidelidad, escogí trabajar con luz natural. Quería que la luz que los ilumina todos los días fuera también la que les mostrara. Llevar un foco o modificar el entorno podía convertirse en un estímulo intrusivo y desconcertante para Biel. Mantener su paz e intimidad era esencial, la única diferencia ese día debía ser mi presencia e incluso eso, quería que pasara casi desapercibida. 

Por eso también opté por una cámara discreta y un objetivo de 50mm, que me permitía respetar la distancia y, al mismo tiempo, acercarme para captar los detalles de los gestos y caricias. Quería estar sin dirigir, observar sin intervenir. Dejar que la vida ocurriera, simplemente. 

Uno de los momentos más reveladores fue durante la ducha, me encontré confrontando mi propia incomodidad: estar con la cámara, en un momento tan vulnerable, me hacía cuestionar mis propios límites. Por último, entendí que mirar plenamente no es invasivo si se hace desde el respeto. Que la incomodidad no venía de ellos, sino de mis propios prejuicios sociales y culturales. 

Mirar, en ese contexto, era una manera de honrar su realidad. No para embellecerla, sino para validarla. Para reconocer que sí, es una realidad muy dura, y que a menudo se habita en una soledad profunda. Que maternar a un hijo que nunca podrá ser autónomo implica un duelo constante, silenciado, por un futuro que no será. Y que, sin embargo, estas madres sostienen la vida con una entrega firme, cotidiana, invisible. Porque mirar con verdad es también esto: ver no sólo belleza, sino fuerza, vulnerabilidad y amor profundo. 

Así, fotografiar a Sonia y Biel no fue sólo una sesión de fotos. Fue una lección de vida, una invitación a revisar cómo miramos y a quién miramos. Y también un compromiso: seguir ampliando la mirada, abriendo espacios donde todas las maternidades estén representadas con la dignidad y la verdad que merecen. 

Podéis seguir Sonia, donde comparte su maternidad con honestidad y sensibilidad: @soniacamachovallejo / www.soniacamachovallejo.org

Comentarios

Una respuesta a «Entre Gestos»

  1. Me encanta el artículo, me parece muy interesante visibilizar diversas realidades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *